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Cumple 40 años la máscara de la Viejita, símbolo del Convite de Locos en San Miguel

Creada en 1986 por Arturo y su amigo Luis mediante técnicas tradicionales de cartonería, la máscara se ha convertido en uno de los personajes que encabezan el recorrido previo a la festividad de San Antonio de Padua

La máscara de la Viejita, uno de los personajes más reconocidos del Convite de Locos, cumple 40 años de participación dentro de una de las celebraciones populares más antiguas de San Miguel de Allende.

La historia comenzó en 1986 cuando Arturo y su amigo Luis Antonio decidieron elaborar una máscara utilizando técnicas tradicionales de cartonería. Ambos acudieron a la casa de don Genaro Almanza Ríos, quien les facilitó un molde para iniciar el trabajo. Durante varios días colocaron capas de papel y engrudo hasta obtener una estructura base.

Según recuerda Arturo, nunca existió la intención de crear una mujer de edad avanzada. “No hubo un objetivo o una idea de vamos a hacer una viejita; simple y sencillamente se fue dando”, relató. Conforme avanzó el modelado de los pómulos, la boca, el mentón y los ojos, el rostro comenzó a adquirir una apariencia particular. El resultado fue una máscara que terminaría convirtiéndose en un personaje permanente dentro del convite.

Su participación en estas celebraciones comenzó años antes. Desde niño observaba a familiares que participaban en las peloteras relacionadas con la festividad de San Antonio. A los seis o siete años pidió integrarse al recorrido y desde entonces apareció caracterizado como distintos personajes. La “Viejita” llegaría más tarde, pero sería la figura que marcaría su trayectoria dentro de la tradición.

La incorporación del personaje al frente del recorrido ocurrió de manera gradual. A finales de la década de 1980, coordinadores y organizadores comenzaron a pedirle que avanzara a la primera línea del contingente. Con el paso de los años, su presencia se convirtió en una referencia para quienes esperan el inicio del convite.

Arturo señala que el momento en que comienza el recorrido sigue generando la misma sensación que experimentó décadas atrás. “Cuando suena el cohete y empieza uno a bailar es una sensación muy bonita”, explicó. Cada año, el personaje recorre las calles del centro histórico acompañado por bandas de viento, grupos de participantes y cientos de espectadores que observan el paso de la comitiva.

La actividad exige una preparación física constante. Arturo explicó que aproximadamente seis meses antes de la festividad comienza un programa personal de acondicionamiento. Sale a correr diariamente a un ritmo moderado y aumenta poco a poco las distancias para fortalecer la resistencia necesaria durante el recorrido. El deporte forma parte de sus actividades habituales y considera que esa preparación resulta indispensable para mantener el ritmo de baile durante varias horas.

Mientras pueda bailar, respondió al ser cuestionado sobre cuánto tiempo continuará participando en el convite. La frase resume una actividad que se ha mantenido durante cuatro décadas y que continúa siendo parte de su vida cotidiana.

Con el paso de los años dejó de repartir dulces debido al peso que representaban durante el recorrido. Actualmente concentra sus esfuerzos en mantener el paso, bailar y convivir con las personas que buscan una fotografía o un saludo durante la celebración.

El vestuario también forma parte de una tradición familiar. Durante años fue confeccionado por su madre, Virginia, mientras que actualmente otros integrantes de la familia colaboran en la preparación de vestidos, accesorios, pelucas y detalles que forman parte de la caracterización.


 
 
 

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